Coronación de la virgen

El día 30 de mayo de 1928 la Virgen del Castillo fue coronada por el Obispo de Segovia. Fue al día siguiente de la bajada de la Virgen de su ermita a la iglesia parroquial, conmemorándose de esta forma el II centenario de su aparición en el cerro del Castillo.

La prensa provincial de la época se hizo eco de la noticia, que contó para el acto con numerosas personalidades. El desparecido “Heraldo de Segovia” publicó un especial sobre el acontecimiento.

A continuación reproducimos la crónica publicada por el Adelantado de Segovia, el 31 de Mayo de 1.928.

El pueblo de Bernardos corona solemnemente a su patrona la Virgen del Castillo

Ayer se celebró en la villa de Bernardos un magno acontecimiento.
La iniciativa de coronación de la Virgen del Castillo, nacida al calor de la devoción que sienten hacia su excelsa Patrona los hijos de la industriosa villa, acogida con el mayor entusiasmo, y desarrollada con la mayor actividad por una comisión organizadora, cristalizó en el hermosísimo acto que ayer presenciamos.
Cuando llegamos a Bernardos, a las diez de la mañana, se observa inusitado bullicio por calles y plazas. Los balcones de todas las casas aparecen adornados con colgaduras. En distintas calles por donde la procesión ha a pasar, se levantan bonitos arcos de follaje, sobre los que campean cordiales saludaciones a las autoridades de la capital.
A eso de las diez y media, en varios automóviles, llegaron de Segovia el ilustrísimo señor obispo, doctor Castro; gobernador civil, don Rufino Blanco; presidente de la Diputación, don Segundo Gila; alcalde accidental de Segovia, don Faustino Martín, con los concejales señores Martín Crespo y Natalias; deán de la Catedral, señor Gómez Delgado, y canónigos don Fernando Sanz Revuelta y don Antonio Alonso; diputados provinciales, señores Cardiel y Rueda; representantes de la prensa local, y otras varias personas de la capital y Santa María de Nieva.
A las afueras del pueblo esperaban el alcalde don Gregorio Cubero, con el Ayuntamiento, autoridades, funcionarios y comisión organizadora.
Se dispararon multitud de cohetes y bombas y, a los acordes de una marcha ejecutada por la banda «La popular», la comitiva se dirigió hacia la iglesia parroquial.

La misa mayor

El amplísimo y hermoso templo estaba verdaderamente imponente.
Una compacta multitud invadía la enorme nave y el crucero que resultaba insuficiente para contener el gran número de fieles.
El hermoso retablo del altar mayor aparecía especialmente iluminado con profusión de luces eléctricas.
En el lado del Evangelio, sobre artísticas andas, la imagen de la Virgen del Castillo, preparada para sacarla en profesión.
En el presbiterio tomaron asiento las autoridades de Segovia y de la Villa, comenzando acto seguido la misa mayor, revestido el prelado de medio pontifical. La misa fue oficiada por el párroco de Bernardos, don Policarpo del Valle, asistido de don Martín Casas, párroco de Melque, y don Antolín García, párroco de Juarros de Voltoya, ambos hijos de Bernardos.
Una notable capilla, dirigida por el reputado maestro don Luis Casares, interpretó, con acompañamiento de orquesta, la hermosa misa «Hoc est Corpus», de Perossi. Al ofertorio se cantó un hermoso motete «O cor Jesu».

El sermón

Estuvo a cargo del muy ilustre señor don Andrés Gozalo, canónico de la Catedral segoviana, hijo de la villa de Bernardos.
El señor Gozalo, en el exordio, rememoró con palabras llenas de emoción sus años juveniles, trascurridos en Bernardos, bajo la protección de la milagrosa Virgen del Castillo.
Hizo una ligera reseña histórica de la venerada Imagen, oculta para sustraerla a los ultrajes de los sarracenos y su milagrosa aparición.
En párrafos saturados de ciencia teológica, habló de los fundamentos de la devoción a la Santísima Virgen en sus diversas advocaciones y termina su elocuente sermón con una fervorosa plegaria a la Virgen del Castillo, que arranca lágrimas de intensa emoción tanto al orador como a los circustantes.

La coronación

Terminada la misa mayor, se organizó una procesión, al frente de la cual figuraban los danzantes del pueblo.
En la Plaza Mayor, frente a la Casa Consistorial, se había levantado amplia tribuna, adornada con ramaje y banderas de los colores nacionales.
Colocada la imagen de la Virgen del Castillo en una mesa altar, el alcalde, señor Cubero, teniendo en una bandeja la artística corona, dirigió un cariñoso saludo a las autoridades y concurrentes en nombre del pueblo de Bernardos, que en esa ocasión ha dado una prueba tan patente de su amor hacia la venerada Patrona, mencionando el hecho de que todos los hijos de la villa, aún los residentes en lejanas tierras, han enviado su obolo para la corona y gran parte de ellos han acudido en los días del novenario celebrado en la ermita a postrarse a los pies de la Virgen.
Seguidamente el arzobispo electo de Burgos, revestido de pontifical, colocó sobre la cabeza de la Virgen del Castillo la preciosísima corona. En este solemne momento, la música interpreta la Marcha Real, los cohetes atruenan el espacio y las gargantas de miles de personas gritan hasta enronquecer dando vivas a la venerada Patrona de Bernardos.
El instante ha sido de una gran intensidad afectiva.
Hecho el silencio, el doctor Castro, con potente voz dirige al pueblo una breve y elegante plática, expresando la emoción sentida al ver la adoración de los hijos de Bernardos hacia su querida Virgen del Castillo.
Dice que este acto debe servir de provechosa enseñanza para que la virgen sea siempre la Reina y Señora de los hogares y los corazones; que estas expresiones de fé sean sinceras, íntimas, en consonancia con la explosión externa que hoy se manifiesta.
Termina dando la bendición al pueblo y se repiten los vítores con creciente entusiasmo.
Seguida de la multitud, la procesión continúa hasta la Iglesia, donde se canta una solemne salve.

El banquete

Terminados los actos religiosos, en el amplio salón del Ayuntamiento se sirvió un banquete, que fue presidido por el señor arzobispo y las autoridades, y al que asistieron unos cincuenta invitados.
Se sirvió el siguiente menú: Entremeses, paella, merluza, dos salsas, ternera rellena, tostón asado, postres, café, champagne y habanos.
En el banquete, a insistentes ruegos de los comensales, el señor Gila hace uso de la palabra improvisando un elocuentísimo discurso.
Comienza expresando su gratitud por las atenciones recibidas del pueblo de Bernardos y dice que la Diputación Provincial se asoció gustosa a la iniciativa de coronación de la Virgen del Castillo en la medida que sus recursos económicos permitían, por entender que la Corporación que preside es depositaria no solo de los intereses de orden material, sino que también, y muy especialmente, es la guardadora de la fe provincial.
La Diputación, por tanto, se hallará siempre propicia a ayudar y alentar cualquier manifestación de fe religiosa que surja en la provincia. En un párrafo grandilocuente define lo que es la fe de los pueblos.
Dedica un canto a la Virgen del Castillo y exhorta al pueblo de Bernardos a que marche siempre unido, en momentos de alegría como en los actuales y en los de tribulación y amargura.
Las últimas palabras del señor Gila son ahogada por una atronadora salva de aplausos.

El regreso

A las cuatro de la tarde, regresaron a la capital las autoridades e invitados, repitiéndose las demostraciones de cariño.

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