¿Cuándo tendremos internet de Banda Ancha en Bernardos?

El desarrollo tecnológico mejora la calidad de vida, pero también es fuente de nuevas desigualdades. Reducir la brecha digital, la distancia que separa a los ‘info-ricos’ de los ‘info-pobres’, es uno de los objetivos prioritarios de muchos gobiernos. El acceso a las tecnologías de información y comunicación (TIC) separa a clases sociales y ahonda las diferencias entre los núcleos urbanos y las zonas rurales.

El primer paso ya se ha dado: considerar Internet como un servicio básico universal. Ahora sólo falta que se pueda utilizar en igualdad de condiciones.

En la actualidad, el servicio de Banda Ancha está disponible para el 80% de la población. Sin embargo, la extensión de los servicios de banda ancha por la iniciativa privada se limita a las localidades más pobladas y con un perfil de población más proclive a la utilización de los mismos, creándose diferencias entre las localidades ubicadas en el medio rural aislado y los grandes núcleos de población, situación especialmente acusada en nuestra región.

Las posibilidades que abren las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) en el medio rural son más importantes, si cabe, que para el resto, pues no sólo ponen fin al aislamiento secular de éstas áreas, sino que actúan de manera decisiva sobre su desarrollo (creación de empleo ligado a las nuevas tecnologías, realización de proyectos comunes en territorios rurales, diversificación de actividades, nuevos canales de producción y comercialización, etc.)

El Programa de Banda Ancha 2005-2007, de la Junta de Castilla y León, tiene como objetivo llevar las infraestructuras y servicios de acceso a Internet con banda ancha a todos los municipios de nuestra Comunidad entre 2005 y 2007. De esa manera, se podría acceder a los servicios de Internet, correo electrónico, telefonía y aplicaciones multimedia con total rapidez y calidad desde cualquier zona rural.

Sin embargo, Telefónica, la Junta de Castilla y León y la Diputación Provincial continúan con su plan de expansión de la banda ancha al medio rural, ya que en muchas zonas la conexión de alta velocidad todavía no ha llegado. De hecho, hasta diciembre del 2007, la banda ancha está previsto que llegue sólo a 71 nuevas poblaciones de Segovia. Hasta ahora, el plan ha permitido dotar de líneas ADSL a 36 poblaciones de la provincia, lo que quiere decir que entre las ya instaladas y las que se dotarán este año contarán con líneas ADSL 107 municipios y que otros 101 todavía no dispondrán de este servicio cuando finalice el 2007. ¿En qué lado estará Bernardos?

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Mis recuerdos de Bernardos

(AÑOS 50, 60 Y PARTE DE LOS 70)

El recuerdo es un mirar hacia el pasado
y, en Bernardos, hay recuerdos que me llaman;
que me llevan otra vez a aquellos tiempos
en que el viejo dictador aquí mandaba.

Los recuerdos los evoco con cariño
-yo no quiero que transmitan mala saña-
y es que están cargados de romanticismo
de una etapa de la vida que se pasa.

A lo largo de estos versos contaré
unos cuantos que la memoria reclama.
Más antiguos, más recientes, todos son
eslabón de juventud y de la infancia.

Yo nací en el medio siglo – en el cincuenta –
y las cosas que aquí cuento nos pasaban
a los/as chicos/as de mi edad y a los/as mayores
que hoy somos ya unos carrozas … ¡Qué caramba!

LO QUE YA NO ESTÁ O HA CAMBIADO

Los comienzo con la ermita de San Roque
porque está precisamente allí, a la entrada.
Se ponía a reventar de feligreses
que, contentos, recitaban y cantaban.

Hoy la veo, recuerdo las procesiones
y me sabe mal que esté descabezada.

¿Y el pilón donde llevaban a las bestias
que bebían cuando el trabajo acababa?
Unos cuantos forasteros se bañaron
cuando algunos del pueblo les dieron caña.

Se tejían unas mantas en Bernardos
-‘las más célebres que nunca hubo en España’-
y la fábrica que había se quemó
en verano, en una noche desgraciada.

Se quedaron sin trabajo algunos hombres
y … ¿qué le vamos a hacer? No pasó nada.
Esas mantas para mulos no tenían
ya salida, porque mulos no quedaban.

¡Cuántas noches el salón de Cirilín
de gente hasta la bandera rebosaba!
Las veladas y los bailes tan bonitos
que a las tantas con la jota se acababan.

Te apuntabas en aquella ‘Sociedad’
con derecho a tener baile y tener cartas.
En las fiestas te traían un conjunto
y los jóvenes muy bien se lo pasaban.

Hubo veces que el dúo Pedro-Heliodoro
con la música a la gente amenizaba.
En verano disfrutabas de ‘La Pista’,
que los chicos y las chicas frecuentaban.

A diario entrabas gratis y el domingo
de estipendio tres pesetas te cobraban.
Le pedías a Mauricio una canción
y él ponía lo que le daba la gana.

Se me viene a la memoria el cuartelillo
con la tele y esas ‘pelis’ de Bonanza.
El colegio de las monjas con capilla
que era un lujo para el pueblo, una pasada.

Los alumnos recibían la enseñanza
y a las monjas un dinero les pagaban.
En el pueblo siempre hubo la división
entre niños de las clases alta y baja.

El cuartel viejo ya estaba casi en ruinas
y los guardias de Bernardos lo habitaban.
Hoy tenemos un solar bien espacioso
que, por fiestas, las peñas allí se instalan.

Y la plaza de Bernardos, tan hermosa,
con los viejos soportales de fachada;
el Casino, que cambió de un lado al otro,
la farola tan robusta y la farmacia;
el salón de Cirilín, carnicería
y su espléndida forma casi cuadrada.

Esta plaza con sus hierbas, sus chinarros
y sus charcos -antes que fuera asfaltada-
¡cuánta historia nos podría relatar!
(como siempre, con su parte buena y mala).

Por las fiestas, las veladas se celebran
y, la gente, siempre alegre y animada
con el baile; ignorando que hubo allí
represión y hasta tortura en otra etapa.

Otro emblema que hace poco se ha perdido
es el rústico depósito del agua,
con sus ruidos, sus paredes tan robustas,
tan verdosas, tan bajitas y agrietadas.

Era allá por el año cincuenta y ocho
cuando el agua estaba ya canalizada.
Hasta entonces, si querías tener agua,
en el caño la buscabas con garrafas.

Por entonces llegó la televisión,
aunque poca gente de ella disfrutaba.

Cuando voy por la carretera de Armuña
no me olvido las curvas que la formaban,
aquel puente tan estrecho, la estación
y el carrito del cartero en la mañana.
Pues con él llegué hasta el tren algunas veces
en lugar de ir a Ortigosa o a La Nava.

En la calle que nos lleva hacia El Castillo
estaban el Matadero y ‘la Cerámica’
que, de carne y de ladrillo, abastecían
a Bernardos y parte de la comarca.

LAS FIESTAS

¡Cómo no voy a acordarme de las fiestas
con los toros dando vueltas por la plaza!
Esos carros inclinados, el tablado
y los mozos abajo en la empalizada.

La farola, que servía para huir
de la furia del astado que bramaba;
el toril en la salida hacia el Castillo,
las cogidas y la gente que chillaba.

Plaza Mayor, tablado del ayuntamiento. Foto: Mariano Ramos
Otros años se llevó a la plazolilla,
a las eras y a otros sitios a montarla.
Los maderos no estaban muy bien sujetos
y algún toro estuvo a punto de liarla.

Esos días nos venían confiteros
que traían cosas nuevas y variadas.
Entre todos destacaba un tal ‘Madriles’
y también esos gitanos con las barcas.

Las casetas de las tómbolas y el tiro
eran todas atracciones que agradaban
a los niños, y no tanto a los mayores,
porque todas al bolsillo castigaban.

Las canciones que sonaban por entonces:
‘Soy minero’ con ‘Mi carro’ y otras cuantas,
con sus letras facilonas, pegadizas,
todo el mundo las sabía y las cantaba.

HABÍA LUGARES Y COSTUMBRES

Hoy hay bares muy lujosos, pero entonces
las tabernas eran sitios donde estaban
las pandillas de los mozos y los quintos
y sus buenas merendonas se ‘jalaban’.

La del ‘Rufo’ y la del ‘Mona’ eran dos de ellas
y también la ‘Calderera’ y la ‘Cochala’.
Los conejos y las liebres se comían
y, con vino y pan, los gastos ajustaban.

Antes iban vendedores por las calles
y llevaban sus productos por las casas
ofreciendo peces, frutas, pan, helados,
comestibles, y hasta leche de la vaca.

El más típico, en su estilo: el panadero,
que apuntaba las hogazas en la tarja.
Aunque no dejaba atrás a la heladera,
su ‘carrito’ y los helados a la carta.

Hubo gentes variopintas que venían
a Bernardos y sus artes nos mostraban.
Unas veces eran los titiriteros
y otras, hombres que romances recitaban.

Otras, cine al aire libre; y, otras más,
los ‘forzudos’ que su fuerza demostraban.
Todos ellos, recorriendo nuestras calles,
rodeados de chiquillos se anunciaban.

Para más conformidad, algunas veces,
la tarea al pregonero encomendaban.
Y aquel hombre, caminando en dos muletas,
con el son de su trompeta lo anunciaba.

Por la noche, cuando el pueblo ya dormía,
unas voces a cada hora resonaban.
El sereno con su canto nos decía
si llovía, hacía bueno o granizaba.

En la plaza, en el día de San Isidro,
regalaban los panes por la mañana
y, en Semana Santa, el cura a los ‘apóstoles’,
en el Santo Oficio, los pies les lavaba.

El sorteo de los ‘Quintos’, en Segovia,
era un caso, una tragedia … todo un drama.
Las mujeres dando gritos y llorando
porque a su hijo le tocó la ‘mili’ en África.

Ese día por el pueblo iban pidiendo
y la gente un dinerillo siempre daba.
Celebraban el evento con largueza
en comidas, en bebidas y en ‘hombradas’.

Los domingos – cuando acababa la misa –
nos marchábamos los chicos a la plaza
y comprábamos pipas y caramelos,
con aquella per
ra gorda que nos daban,
en los puestos de la señora Angelita
y Vitojo, a quien le daban mala fama.

Te vendían un cigarro así, a escondidas
y, a escondidas, tú también te lo fumabas.

No me olvido de los bares de Varela
y Santiago, que vivía en la calle Ancha
y la peña ‘Los Vampiros’, donde hicimos
muchos años la famosa limonada,
con el vino que comprábamos a Higinio
y que luego en el barril se elaboraba.

En Enero, ya pasadas Navidades,
las familias preparaban la matanza.
En las casas afilaban los cuchillos
y, entre todos, el cerdo sacrificaban.

Los chiquillos rodeábamos el bicho
para ver aquel ritual de sangre y llamas.
Al principio lo mirábamos atentos
y al final se nos caía alguna lágrima.
Acababan convirtiendo el animal
en jamones, embutido y carne magra.

LOS TRABAJOS DEL CAMPO

Los veranos de aquel tiempo los recuerdo
con la imagen del trabajo en la labranza.
Las cosechas nos marcaban las tareas:
con la siega al despertar de la mañana,
las gavillas … los haces … carros con palos
que, cargados, a las eras los llevaban.

Ya podías en el trillo trabajar
sentado en el taburete y con la tralla.
A la parva se le daba muchas vueltas
y, al final, toda la mies se amontonaba.

Aventando separaban paja y pan
y los granos en los sacos se guardaban.
Los paquetes eran toda una faena
que los jóvenes más fuertes realizaban.

Y también me acuerdo de las algarrobas,
que – al cogerlas – te crujían las espaldas.
Lo que menos me gustaba: ir a las tierras
a quitar escobetones, cardos, grama …

Herramientas como el gario y la garieta,
el rastrillo, la cañiza, la guadaña,
hoces, piedras de afilar, horcón y bieldo,
reja, horquilla, la fanega y las abarcas,
los dediles, los atillos y la zoca,
y del burro, las cinchas y las albardas
eran piezas – con el carro y el arado –
que en las casas de labranza no faltaban.

Aunque aquí parezca que haya muchas de ellas,
soy consciente que me olvido de unas cuantas.
Unos mulos, con el yugo y la collera,
de mover todo este asunto se encargaban.

Y, acabada la faena – ya en Agosto -,
las familias en el río se juntaban
con el carro, la comida, pan y vino
y el final de la cosecha celebraban.

En septiembre ya era tiempo de vendimia,
los racimos al lagar se los llevaban.
Los pisaban obteniendo de allí el mosto
y el vinillo de cosecha que guardaban.

‘OCUPACIONES’ DE LOS CHICOS

A diario, a la salida del colegio,
los chavales a la plaza se marchaban
a jugar a lo que en esos buenos tiempos
el ingenio y la costumbre deparaban.

Unos días se jugaba a pelotazos,
otros tantos a luchar con las espadas,
otros, guerra contra los de Migueláñez,
a la tanga, al escondite o a la taba,
a bolones, al peón y, … para chicas,
a la comba y al corro de las patatas.

En los tiempos de más frío, en el Abajo,
de hielo una gruesa capa se formaba
y algún chico más osado que los otros,
por encima de la misma patinaba.

En los días que el cuerpo pedía ‘leña’,
las peleas más famosas se montaban.
Altozano y Carbonero eran dos barrios,
– hoy dirían con carisma y buena fama –
cada cual con su grupito de ‘valientes’
que a la mínima y con ganas se enfrentaban.

Las disputas se saldaban siempre a palos
– nunca supe yo el porqué de tanta hazaña -.
¿Nos habían imbuído a los varones
el espíritu de ‘guerra’ y de ‘cruzada’?
Si algún día no teníamos ‘tarea’,
a tirar cantos a perros – no hacer nada -.

Otras tardes nos marchábamos al campo
– en los meses en que el tiempo acompañaba –
a por nidos, buscar hierros, espigar,
a cangrejos, peces, níscalos o ranas.

Junto a piñas, zarzamoras y bellotas,
todo aquello que querías lo encontrabas.
Las llamadas ‘piedrecitas del demonio’
al lado de Peña Mora las buscabas.

En el tiempo de vendimia iban los carros
al majuelo. Los niños los esperaban
sentados en las eras de los ‘Marquillos’
-¡’A la vuelta un racimillo’! – les gritaban

Al caer la tarde o ya entrada la noche
a arrebújalos o a píndola en la plaza.
Los domingos por la tarde era una timba:
los dineros a la osca se ventilaban.

Por el cine y por la plaza se veían
cómo chicos y mayores disputaban.
Colocados a distancia prudencial
las monedas a una raya se tiraban
y, después, lanzándose un ochavo al aire,
con el pie, cuando caía, se tapaba.

Se jugaba a perra chica o perra gorda,
-dependiendo del dinero que llevaras -.
Si perdías te quedabas sin las pipas
y contento ibas a casa si ganabas.

De mayor entrabas en la ‘Sociedad’
y podías ya jugar allí a las cartas.
Al julepe, tute, mus, a los montones,
o a la reina de los juegos: la subasta.

Lo normal era que en casa los domingos
la peseta o los dos reales te pagaran,
porque el duro y aquella de dos cincuenta
eran ya moneda fuerte. Mucha pasta.

Las pesetas que acuñaron una vez
a la gente nos hacían mucha gracia.
Por la cruz tenían hojas de laurel
y una gran ‘cabeza de ajos’ por la cara.

LAS ESCUELAS

Las escuelas de Bernardos eran dos:
la de chicos y de chicas. Separadas.
Aquel régimen así lo reguló
porque en temas de este tipo no atinaban.

Sin embargo, querían que la bandera
cada día laborable fuera izada.
Mientras alguien realizaba esta tarea,
‘Cara al sol’ y con la mano levantada.

Los maestros hacían lo que podían,
porque así la normativa lo mandaba.
Muchos de ellos perseguidos, ‘sospechosos’ …
apretaban los puños y se callaban.

Hoy me acuerdo sobre todo del Catón,
los pupitres, los tinteros y los mapas,
la pizarra, el pizarrín, la Enciclopedia,
la estufa, la leche en polvo y esas batas

que las chicas llevaban para evitar
que las formas femeninas se marcaran
– pues podían ser motivo de ‘pecado’
y con furia, luego, Dios nos castigaba-.

No me olvido de ‘Con flores a María’
y otros cánticos que allí nos enseñaban;
catecismo y tablas de multiplicar,
cordilleras costas y ríos de España.

A la Historia se le daba un contenido:
el ‘Imperio’, con la cruz y con la espada;
y los libros recogían al dedillo
todo aquello que al gobierno interesaba.

Los romanos, que a Jesús crucificaron,
la Edad Media, con Santiago y cierra España.
La Moderna: Inquisición, Reyes Católicos
y, en la guerra; Franco, que salvó a la patria.

Además de estos manjares, al entrar
en la clase, el ‘padrenuestro’ se rezaba
y en el patio la gimnasia militar
como si de unos soldados se tratara.

Las ‘Labores del Hogar’ para las chicas
y a los chicos con la ‘F.E.N.’ adoctrinaban.
Muchos de ellos se apuntaban a ‘Falange’,
y a la ‘Sección Femenina’ iban las damas.

En la escuela éramos muchos en la clase,
pero había disciplina seria y clara.
Aprendías a escribir, las cuatro reglas
y, con poco más, dejabas la Primaria.

No tenía edad concreta su final…
cada cual, a conveniencia, se marchaba.
Unos se iban con once años a estudiar
y otros con doce o con trece trabajaban.

LA IGLESIA, LA RELIGIÓN

De la Iglesia son bastantes los recuerdos:
Catequesis … Navidad … Semana Santa.
Las cosechas – y las fiestas
religiosas-
el trabajo y el descanso regulaban
de las gentes a lo largo de los años
como ruedas que el calendario giraran.

Navidad, los villancicos y el Belén.
Procesiones y oficios, Semana Santa.
Primavera, la Primera Comunión.
De la Virgen, la Asunción, la Inmaculada.
San José, San Pedro apóstol y Santiago;
más el Corpus, que era la segunda Pascua.

Los bautizos eran lo mejor que había
si tiraban dinero por la ventana.
Además los sacramentos, confesiones
y esas misas en latín que eran tan largas.

Una hora por lo menos y … al final,
con el ‘ite misa est’ ya se acababa.
De rodillas, levantados y sentados…
‘de la misa, la mitad’ no te enterabas.

En las fiestas de verano con la ‘Salve’
y la Virgen del Castillo con las andas.
‘La Pindonga’, la llamaban en el pueblo,
porque siempre de procesiones estaba.
El poder meterla dentro de la Iglesia,
se obtenía en una pública subasta

De pequeños nos hacían ir a misa
obligados y con miedo a represalias.
De mayores no podían obligarte
y del tema tranquilamente pasabas.

Hubo un día en que una torre de la Iglesia
con maromas todo el pueblo la tiraba.
Los llamados juramentos y blasfemias,
que en Bernardos con frecuencia prodigaban,
en algún libro leí que se profieren
como un modo de protesta si te aplastan.

Hubo un hombre -sacristán en este pueblo-
sabio y bueno y a quien todos respetaban:
el señor Blas Marugán que, con su nombre,
convirtió la ‘plazolilla’ en una plaza.

Fue la música su gran dedicación
y, en la misa, a todo el mundo amenizaba
con el órgano que él mismo, muchas veces,
afinaba, corregía y reparaba.

FRANCO

En los cines, los domingos con el NO-DO,
de la vida de ‘El Caudillo’ te enterabas;
si pescaba muchos y grandes salmones
y, pantanos, aquellos que inauguraba;
promover ‘demostraciones sindicales’,
si algún que otro ‘dictador’ le visitaba.

En el ‘parte’ -a mediodía y por la noche-,
en la ‘tele’ y Radio Nacional de España,
don Francisco estaba siempre omnipresente
por el día, de noche y de madrugada,
en monedas, en billetes, en los sellos,
en la escuela y en estatuas por las plazas.

En cualquiera de los muchos papeleos
que en tu vida laboral necesitabas.
En la iglesia y en los nombres de las calles;
por la tierra, por el aire y por el agua.
En los cánticos de la Plaza de Oriente
y en los ¡VIVAS! que allí se le prodigaban.

En banderas, en insignias y estandartes
y en escudos con los yugos, flechas y águilas
Todos estos artilugios de aquel tiempo,
y los himnos, que también acompañaban,
nos recuerdan lo negro de aquellos años
cuando grupos de nostálgicos los sacan.

Sus discursos y su acento ‘galleguiño’
le valieron siempre burla, juerga y chanza
y los chistes en que fue protagonista,
en su propio velatorio se contaban.

Fueron célebres sus frases más sonoras:
‘Nos rodean enemigos de la patria’.
‘Unidad de destino en lo universal’.
‘Por el Imperio hacia Dios, España avanza’.

La presencia de la guerra y su mandato,
en películas y en libros siempre estaba;
y su afán por ‘hacer bien’ le había llevado
a inventarse fiestas propias de su ‘hazaña’.

El ’18 de Julio’, el ‘Levantamiento’
y en octubre, el 12, ‘Día de la Raza’.
En Abril el día 1 la ‘Victoria’
de una parte contra la otra en propia España.

‘Veinticinco años de paz’ -y de aislamiento-
que trajeron las miserias: hambre y sarna,
provocando emigración que iba buscando
el sustento por dentro y fuera de España.

Siempre fue su dictadura discutida
en los bares, las comidas y las charlas.
Si opinabas en contra de su gobierno,
la dialéctica más fina aquilatabas
o arriesgabas tu persona y tu trabajo:
‘sospechoso’ para siempre te quedabas.

Él quería perpetuar su dictadura
pero España consiguió la democracia.
Los ‘Principios’ del famoso ‘Movimiento’
se quedaron enterrados con su lápida.

LA LUCHA POR LA VIDA

Aquí esbozo unos cuantos de los recuerdos
aunque sé que muchos otros se me escapan.
Este pueblo tiene historias de aquel tiempo.
-ojalá que algunos hombres las contaran-.

Esos tiempos en que ya acabó la guerra
pero aún perseveró la represalia
con denuncias por envidias, con prisión,
con exilio, ejecuciones y amenazas.
Porque entonces en el pueblo hubo miseria
y la gente iba pidiendo por las casas.

Esos años en que había tanto miedo
y que el hambre con sus garras se adueñaba
de las gentes, obligando a casi todos
a doblar cerviz, rodilla y más la espalda.

A besar la mano al cura y a decir
‘mande usted’ o ‘sí señor’ al que mandaba.
A emigrar, buscar trabajo y enviar
el dinero a la familia. El que sobraba.

A tener más de un oficio en qué vivir
para ver si la familia levantabas,
trabajando en las canteras, en las tierras
o cuidando marranos, ovejas, cabras …

Y, además, algún oficio artesanal
o vendiendo algún producto por las casas.
Vendedores ambulantes siempre había
con sus telas, con sus lozas, su chatarra …
Varias chicas, trabajando en Migueláñez,
el famoso chocolate elaboraban.

Con todo esto ya podías enviar
a tus hijos a estudiar. Y se marchaban.
En Segovia, Magisterio y Seminario.
En Madrid otras carreras más variadas.

Con penurias y con muchos sacrificios
poco a poco sus estudios acababan.
Y los chicos, que eran ya hombres y mujeres,
con el tiempo y con tesón se colocaban.
Se marchaban a vivir fuera del pueblo
y los padres en Bernardos se quedaban.

Los que aquí se habían quedado a trabajar,
normalmente en las canteras empezaban,
en el campo o en trabajos eventuales,
pero pronto si podían lo dejaban.

Se marchaban a vivir a la ciudad
que ofrecía más trabajo y mejor paga;
y otras gentes, mirando hacia el extranjero,
se largaban hacia Francia o Alemania.

Para el pueblo fue todo esto una sangría
porque mucha juventud lo abandonaba.
Es normal que hubiera aquí mucho emigrante
y la vida por su cuenta se buscaran.

¿Qué podíamos hacer en aquel tiempo
si Bernardos no nos ofrecía nada?

———————————

Nota del autor:

Entre las peticiones que hace el equipo de redacción para la revista de la Asociación, hay una que dice que enviemos recuerdos de otros tiempos que tengamos de la Villa de Bernardos. Aquí está mi pequeña aportación.

Todo lo que aquí relato, lo he vivido yo en Bernardos; exactamente igual que lo han vivido mis coetáneos nacidos alrededor de 1950. La exposición la hago siguiendo, fundamentalmente, dos criterios. Primero, la percepción que yo tuve de los hechos de aquel tiempo. Segundo, la interpretación subjetiva que hago de algunos de ellos a día de hoy. Esta interpretación es libre, por lo que puede haber gente que no tenga la misma opinión. Cosa, por otro lado, normal. Yo lo respeto.

Gracias por publicarlo.

Luis Arranz Boal

La Fiesta de Santa Águeda

A todas las mujeres de Bernardos

El día 5 de febrero se celebra en casi todos los pueblos del Norte de España la fiesta de santa Águeda, la Virgen de los pechos como se la llama en algunos pueblos de Valladolid y Zamora. Esta atribución se debe a que la imaginería tradicional ha presentado a santa Águeda con un plato en la mano, mostrando sus pechos cercenados.

Según la tradición católica, santa Águeda, es una mártir siciliana de los primeros siglos del cristianismo que sufrió el martirio condenada por Quinciano, que trato por todos los medios de hacerla renunciar a su religión. Desde entonces es la patrona de las mujeres casadas y lactantes, y le ofrecen votos y mandas, mientras están amamantando a las criaturas con el fin de que por su mediación tengan leche suficiente para alimentar a sus niños.

Esta fiesta religiosa, tiene también una serie de connotaciones paganas importantes. Este día, ‘en el que mandan las mujeres’, el pueblo es tomado por ellas y su cofradía, nombran alcaldesas o mayordomas, exigen al alcalde la vara de la justicia y excluyen a los hombres o los admiten según su conveniencia.

Los orígenes de la Fiesta en Bernardos son un tanto inciertos. No hay datos de cuando se fundó la Cofradía de santa Águeda, solo sabemos que se celebra de ‘toda la vida’.Don Ildefonso Llorente Fernández en su libro La Virgen del Castillo escrito en 1867, habla así:

Además del Mayordomo hay Santeras, que son cuatro recién casadas, elegidas cada año el día de la festividad de San Pedro y cuyo misterio es edificante y bellamente piadoso. Todos los días festivos, antes de la misa mayor…recorre cada Santera determinadas calles del pueblo, llamando a todas las puertas, y con una sencillez y candor admirables, después de llamar diciendo < Ave María Purísima> piden limosna para la Virgen del Castillo. Los fondos recaudados son entregados en la Mayordomía; y rarísima vez sucede, que cuando estas jóvenes llaman a la puerta, se las despida sin darles algo para el culto de la Virgen’.

¿Pudiera ser que estas cuatro Santeras, con el paso de los años y la influencia de otros pueblos como Zamarramala, se hayan convertido en Aguederas?

Bernardos se diferencia del resto de los pueblos de la provincia en que los hombres si participan en la Fiesta. Los maridos de las aguederas acuden a la Iglesia acompañándolas; van al refresco que ofrece la Cofradía; a pedir por el pueblo y a la comida que celebran todas las cofrades. Esta participación masculina en una fiesta propiamente de mujeres es motivo de controversia entre las cofrades. ¿Tienen que seguir acudiendo los maridos como ‘toda la vida’?¿ Tiene que ser una fiesta solo de mujeres como en el resto de los pueblos?

‘Es el único pueblo donde van los hombres, yo creo que no deberían de ir. Es un día solo para las mujeres. Era mejor que se vistieran unas pocas más (se refiere al traje regional) y se fueran a pedir por el pueblo con las aguederas’.
‘Al. dice que se tienen que reunir para que no vayan los maridos, que eso es cosa de mujeres’

Parece que las cofrades tienen ya preparada una formula alternativa y en la lista de las cofrades, al lado del nombre de algunas hay la siguiente anotación: ‘echar sin marido’. Eso significa que el marido no quiere ir, o que ellas no quieren que vayan. Según me han explicado pueden ‘echar’ a cuatro que no quieran ir con maridos o que no tengan maridos como es el caso de las solteras o de las viudas.

La Fiesta ha sufrido cambios sustanciales desde el siglo pasado hasta nuestros días, por la incorporación paulatina de la mujer al mundo laboral y por la emigración de los vecinos de Bernardos hacia la ciudad. En un principio eran tres días consecutivos de Fiesta, actualmente, solo hay un día y se celebra el sábado más próximo al día 5 de Febrero.

Durante la Guerra y la inmediata postguerra, por razones obvias se dejó de celebrar. Posteriormente y por iniciativa de un grupo de mujeres se volvió a celebrar. Así lo expresan las mujeres de Bernardos:

‘Esto se hace desde hace mucho, era yo muy pequeña nací en el año 1931, así que fíjate. Durante la Guerra no hubo nada, después la Au fue quién lo empezó a mover.
‘Tengo noventa y dos años, he sido Aguedera varias veces, pero hace cuarenta y cinco que enviudé. Mi madre y mi abuela también lo fueron. Antes si había fiesta. Eran tres días. Se ponían tres manteos (falda del traje regional) de tres colores distintos, uno para cada día. El primer día el rojo, luego el azul y el último el amarillo’.

Las Aguederas de aquellos años, acudían a la Iglesia con sus maridos, tomaban el refresco con todas las de la cofradía, pedían por el pueblo pero luego comían las cuatro juntas con sus esposos, en casa de alguna de ellas o en algún bar. La costumbre de comer todas las cofrades juntas es reciente.

Las Aguederas mayores, cuentan que iban a ‘pedir la castaña’, a casa de las recién casadas y así las hacían de la Cofradía. Llevaban bollos a casa de la novia, que muchas veces vivía con los padres del marido o de ella, preguntaban ¿Cuánto vale tu castaña? ó ¿Cuánto vale la castaña de tu hija? Y la novia o la madre daban dinero para la Cofradía y recibían un bollo. La castaña en esta zona de Castilla tiene una clara connotación sexual, se refiere al aparato genital femenino. Por lo tanto mediante este ‘rito de paso’, la mujer entra a formar parte de otro mundo, el mundo de las casadas, y paga un precio simbólico, así lo expresan:

‘La cosa era que a las que se casaban en el año, iban las de la Cofradía a pedirles ‘la castaña’, la castaña hija no hace falta que te explique lo que es… Te pedían la castaña y te hacían de la cofradía’.
‘Las de la Cofradía iban a casa de las que se habían casado ese año, generalmente estas vivían en casa de la madre y le decían ¿Cuánto vale la castaña de tú hija?. Así de paso las hacían de la cofradía y la madre daba lo que quería’.

Para algunas, ‘pedir la castaña’, resultaba vergonzoso, era como poner precio a la virginidad o a la honradez de la novia, iban a casa de la recién casada a pedir dinero para la Cofradía y de esta manera simbólica a decir a la recién casada que podía entrar a formar parte de ‘su mundo’.

‘Yo lo de pedir eso no lo decía, es una palabra muy fea. Nosotros pedíamos la costumbre. Íbamos a la casa de las madres de las que se habían casado ese año…’

Actualmente, no ‘piden la castaña’, ni ‘la costumbre’, tampoco van a pedir a casa de los forasteros que llegan al pueblo durante el año, ni piden cuando pasa el coche de línea. Solo piden el día de la fiesta y no todas.

La Cofradía estaba formada única y exclusivamente por mujeres casadas o viudas. Actualmente se han incorporado varias mujeres solteras lo que indica también la ‘modernización’ de las instituciones tradicionales.

Mercedes Casas Buján

La Iglesia de San Pedro

Poco se conoce sobre los primeros momentos de la historia del lugar. Debe ser una fundación de la Reconquista como parecen atestiguar las ermitas románicas, muy deterioradas, que hay por los alrededores. A partir del siglo XVI los datos son ya muy precisos. En 1507 el pueblo le fue donado a la familia Coronel, descendientes de la familia judía de los Señero. La familia Coronel tuvo grandes posesiones en el pueblo.

La iglesia está situada en la cima de un altozano que domina la población, posición estratégica a la que se accede por una gran escalinata que realza la significación del edificio.

La fábrica está realizada en mampostería con la piedra dura de las canteras locales. El cuerpo de la iglesia se compone de una sola nave de tres tramos altos, de estilo gótico. La cabecera y el crucero, con cúpula sobre linterna, son de época barroca. La torre, a los pies de la iglesia, es una construcción reciente que sustituyó a otra que amenazaba ruina y fue derribada.

Retablo mayor

En los libros de fábrica aparecen varias partidas desde 1694 hasta 1698 destinadas a pagar el retablo mayor. Los maestros ensambladores Martín de Mendizábal y Andrés Alonso realizaron conjuntamente esta obra. El retablo debió asentarse entre 1695 y 1696. Según las cuentas parroquiales el retablo costó alrededor de 14.000 reales. Además de la cantidad en metálico, se entregaron a los maestros 115 fanegas de trigo de Segovia.

Muy caro les debió de parecer a los vecinos y a la iglesia la obra de estos maestros o no estarían conformes con el trabajo realizado o algún problema surgiría porque, en los años siguientes, para algunas piezas que se quisieron hacer para mayor adorno del retablo, se contrató a otros maestros. En 1702 el maestro ensamblador Bernardo Ballejo hizo el pabellón que adorno la hornacina de San Pedro y “otras alhajas” para el retablo. Se le pagaron 202 reales. En 1703 se le pagan otros 40 reales por tres días que estuvo componiendo hendiduras que había en el retablo y en las columnas y que causaban dificultades a los doradores.

El banco se adorna con dos tableros con motivos vegetales que se añadieron en 1703. El autor de la talla fue Joseph Vallexo, maestro de escultura que cobró por ese trabajo 130 reales.

El retablo llena todo el ancho y alto de la capilla mayor. Presenta planta de tipo lineal, adaptándose al testero del templo y está formado por banco, cuerpo principal con tres calles y ático rematado en semicírculo.

En el banco cuatro ménsulas sirven de sostén a las columnas del piso superior y a la vez enmarcan dos tableros tallados y un sencillo sagrario central (nuevo). El cuerpo principal es de tipo tetrástilo con columnas salomónicas de capiteles compuesto que contribuyen a crear los tres espacios o calles. La calle central más ancha que las laterales, está ocupada por un monumental tabernáculo, exaltación eucarística muy propia de la época. El tabernáculo tiene un amplio expositor determinado por columnas salomónicas iguales a las de mayor tamaño del retablo, está concebido como un gran temple: encima hay un segundo cuerpo cubierto por una cúpula adornada en la parte superior por un jarrón. Tiene semejanzas éste tabernáculo con el que hizo José Vallejo Vivanco en 1678 para el retablo mayor de la iglesia del seminario de Segovia, antes Compañía de Jesús, y es muy parecido al que Martín de Mendizábal había hecho conjuntamente con Juan de Ferreras anteriormente, en 1687, para la iglesia de Miguel Ibañez. Las calles laterales están adornadas con dos lienzos alargados. En el entablamento, sobre las pinturas laterales y la hornacina central, hay motivos de hojarasca de abultada talla. El ático se cierra en semicírculo con hornacina en el centro entre estípides adornadas con colgantes y formas avolutadas en los extremos.

Las pinturas alargadas que decoran las calles laterales representan: a la izquierda Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de predicadores. Viste el hábito de la orden: túnica y muceta blancos, manto con capuchón negro. En la mano derecha tiene el emblema de la orden, una cruz florenzada, y en la mano izquierda un rosario, ya que él instituyó la devoción del rosario. A sus pies está uno de sus atributos: un perro con una antorcha encendida en la boca. En el lienzo de la derecha está representado Santo Tomás de Aquino. Viste el hábito negro y blanco de los dominicos. Se le representa bastante joven y con ancha tonsura monacal. Un biógrafo contemporáneo nos lo describe robusto y grueso, de pelo rubio y temperamento apacible. El santo está delante de un crucifijo, una de las escenas más representadas. Sobre los lienzos de Santa Domingo y Santo Tomás hay dos pequeñas pinturas rectangulares con temas alegóricos.

El apóstol San Pedro, titular de la parroquia, se sitúa en la decorativa hornacina del ático. La imagen de San Pedro aparece sentada en la cátedra, en actitud de bendecir. Su expresión es majestuosa y digna. La escultura está estofada y las telas de pliegues quebrados nos muestran su ascendencia barroca.

En el expositor se colocó el 26 de noviembre de 1728 una pequeña imagen vestida de la patrona de Bernardos: Nuestra Señora del Castillo. En esa fecha se descubrió de donde estaba oculta, el Cerro del Castillo, lugar en el que hubo un castillo y donde existía una ermita con el título de El Salvador. Como la imagen está vestida, hemos buscado descripciones de la talla y hemos encontrados dos que, curiosamente, apenas coinciden.

Retablo de la Iglesia de San Pedro (Bernardos)A la excelente labor de talla, se suma la aplicación del dorado del retablo que se realizó en 1703, por la cantidad de 19.000 reales. Los doradores fueron Joseph Vermexo y Felipe de Diego. Ambos permanecieron en casa del mayordomo mientras duró la obra. El maestro de dorar y estofar Diego Herranz Delgado, certificó que el retablo estaba dorado con toda perfección y que el oro era bueno, fino y sin mezclas.

En 1761 el tallista Juan del Castillo, reformó las custodia y el trono.

Retablos colaterales: Nuestra Señora del Rosario y de Cristo Crucificado

En 1709 se vendieron los dos colaterales que tenía la iglesia a la parroquial de Navas de Oro, barrio de Cuellar por 800 reales. La intención era hacer otros nuevos y mejores.

Los nuevos retablos colaterales se ajustaron con Manuel Carretero en 6.640 reales. Esta pareja de retablos exactamente iguales, se traen de Segovia en siete carros y se colocan en el año 1710. Andrés Pinilla compuso las mesas de altar de los colaterales para situar los pedestales de los retablos. Los retablos constan de banco, un cuerpo y ático. En el banco, dos ménsulas grandes que corresponden a los dos estípides del cuerpo principal, contribuyen al adorno formado por ornamentos foliales de líneas onduladas que rodean un sagrario con puerta muy sencilla. El centro de los retablos está formado por sendas hornacinas trilobuladas que se apoyan en dos estípides y dos columnas salomónicas que se sitúan en los extremos. Los espacios situados entre los estípides y las columnas están remetidos para conseguir mayor efecto de luz y sombra con el movimiento de planos. Se rematan estos retablos con un liezo entre pillastras adornadas con colgantes, sobre dos volutas se sitúan dos angelotes y una rica ornamentación vegetal con hojas, frutas y cabezas de serafines en la parte superior dan presencia a los retablos.

En el retablo de la derecha hay una imagen sin valor de Nuestra Señora del Rosario y en el de la izquierda un Cristo Crucificado de hacia 1600. Las pinturas situadas en el ático de los retablos representan a San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola. Las pi
nturas costaron 166 reales. Ignoramos el autor de las mismas, seguramente algún pintor segoviano al que se las contrataría el propio Manuel Carretero.

El dorado de los retablos se ajustó en 6.600 reales (600 ducados) con el maestro dorador Joseph Vermejo. El dorado se efectuó entre 1724 y 1726.

Bibliografía:

Desmontando la farola

Hace más de un año empezaron las obras de mejora de la Plaza Mayor de Bernardos, y aunque no siempre han llevado el ritmo que a todos los vecinos nos hubiera gustado, en las últimas semanas los trabajos de remodelación han acelerado el ritmo dando un paso adelante.

Uno de los elementos más significativos de la plaza, por su antigüedad, ubicación y simbolismo era la farola, la cual ha sido cuidadosamente desmontada para su posterior reubicación. Tranquilos que la farola seguirá con nosotros. Aquí una breve secuencia gráfica del desmontaje:

Desmontando la farola