Las chicas -hoy día-
visten muy modernas.
Diversos modelos
de cabeza a piernas.
En algunas prendas
un color muy vivo;
y el tipo, delgado
-que es más atractivo-.
Escote atrevido,
enseñan el tanga,
pantalón caído,
camisa sin manga.
Pendientes de aro,
móvil en la mano,
cutis bronceado
y el “top” casi enano.
La falda pequeña,
la barriga al aire,
el ombligo lucen
con gracia y donaire.
Mallas o piratas,
pantalón “cagado”,
el pelo revuelto,
bien engominado.
Tatuaje en el hombro,
“piercing” en la cara,
el tejano largo,
la blusa más cara.
El pelo planchado,
recién depilada,
un bolso pequeño
y bien maquillada.
En ciertos eventos,
como una maruja:
vestido de fiesta
y tacón de aguja.
Pulsera de plata
y anillo pequeño.
Miles de ilusiones
colmarán su sueño
Y con estas y otras
mil combinaciones,
ordenan sus gustos
y sus decisiones.
De esta guisa vemos
a las jovencitas.
Se sienten seguras
y se ven bonitas.
Conocen muy bien
el M.P.3.
pero pocas usan
escoba, olla exprés…
A veces contestan
con muy malos modos,
gritan al hablar
y hablan por los codos.
Exigen al padre,
a la madre exprimen
y, con el hermano,
su fuerza dirimen.
Casi todas suelen
beber y fumar,
practicar deporte,
ligar y cantar.
Su amor por “su chico”
siempre es un secreto.
Y el trato con él,
cercano y discreto.
Dedican un tiempo
a su coqueteo,
revistas de moda
y del “famoseo”.
¡Que no se te ocurra
negarle un derecho!
Pagarás el doble
por haberlo hecho.
Su furor expresan
cuando les invades
su terreno propio.
También sus “maldades”.
Y, cuando te abrazan
y dicen: ¡Papitooooo!
es para que sueltes
algún dinerito.
Te dan cuatro besos
y unos achuchones,
hurgando el bolsillo
de tus pantalones.
Aguantas palabras
y malos modales;
ella se enfurece
y grita a raudales.
Así hasta que un día
te dicen: “Papá,
me caso -o me junto-
y me marcho ya”.
Hasta ese momento
la lucha es muy dura,
porque ella no cede
nunca en su postura.
Ese mismo día
te sale la vena
paterna y, entonces,
te invade la pena.
Olvidas, al punto,
lo malo anterior;
procuras que tenga
todo lo mejor.
Piensas que tu niña
será desgraciada;
pero, en cambio, ella…
¡Se marcha encantada!
Se monta su vida
con algún galán
y aprenden que tienen
que ganarse el pan.
No quieren retoños
porque -al comenzar-
hay que pagar piso.
También disfrutar.
Al cabo de un tiempo,
el nieto te encaja
para que lo cuides.
Porque ella trabaja.
N.B. Poema compuesto pensando en algunos aspectos de las chicas jóvenes en general.
Luis Arranz Boal
